Author: DC Press

  • Los mitos de la Independencia

    • “Las revoluciones no son el producto de la espontaneidad popular, sino el resultado de una planificación meticulosa, donde los verdaderos héroes son aquellos que logran unir las fuerzas dispersas hacia un solo objetivo.” — Agustín de Iturbide, 1821.

    Por Isidro Aguado Santacruz

    Cada semana, en este espacio, cambiamos de ritmo para explorar y reflexionar sobre los temas más trascendentales de nuestro país. En esta ocasión, quiero aprovechar este espacio para hablar de un hecho relevante y cercano a todas y todos los mexicanos: nuestra Independencia. Ayer, 16 de septiembre, celebramos una de las fechas más emblemáticas de nuestra historia, el llamado Grito de Independencia. 

    Sin embargo, al observar con detenimiento, descubrimos que la historia que nos contaron está plagada de mitos y distorsiones. Hoy, en este artículo, me propongo cuestionar lo que por años se ha enseñado en las aulas y en los discursos oficiales.

    Nos encontramos en pleno mes patrio, cuando México se engalana para recordar su independencia, principalmente el 15 y 16 de septiembre. La ceremonia del Grito y el desfile militar forman parte del ritual que une a las familias mexicanas, acompañadas por platillos típicos como el pozole. Pero, sorprendentemente, el día que realmente deberíamos conmemorar con mayor fervor es el 27 de septiembre, fecha en la que Agustín de Iturbide entró triunfante a la Ciudad de México al frente del Ejército Trigarante.

    La versión oficial de nuestra independencia ha presentado a Miguel Hidalgo como el principal héroe de la gesta independentista. No obstante, Hidalgo fue más un iniciador improvisado que un estratega, y su movimiento terminó en caos, violencia y saqueos. Su rebelión desató un conflicto sin dirección, y el resultado fue su propia muerte y el fracaso de su causa. Hidalgo, arrepentido antes de morir, dejó un legado lleno de sombras.

    Después de Hidalgo, José María Morelos asumió el liderazgo del movimiento con mayor claridad y objetivos más definidos. Aun así, el esfuerzo fue insuficiente y solo quedaron focos de insurgencia, entre ellos Vicente Guerrero, cuya lucha, aunque valiente, tampoco lograba poner en riesgo al virreinato.

    Aquí es donde entra en escena Agustín de Iturbide, un hombre con una visión distinta. Tras haber combatido a los insurgentes, comprendió que la clave para lograr la independencia no era el desorden, sino la unidad. Bajo esa premisa, diseñó la bandera tricolor que hoy conocemos, donde el verde simboliza la independencia, el blanco la religión, y el rojo la unión de todos los habitantes de la Nueva España. Iturbide convenció a Guerrero para unir fuerzas, y así, con el apoyo de diversos grupos, la independencia de México se consumó de manera casi pacífica.

    El 15 de septiembre resuena en el corazón de los mexicanos como una fecha de orgullo nacional. No obstante, la verdadera consumación de la independencia ocurrió el 27 de septiembre de 1821, cuando Iturbide selló el triunfo de un movimiento mucho más complejo de lo que las versiones oficiales suelen relatar. De hecho, el verdadero héroe de esta historia fue Iturbide, quien firmó el Plan de Iguala y, más tarde, los Tratados de Córdoba, dando fin al dominio español en México.

    Es crucial entender que el malestar que llevó a la independencia no se dirigía directamente contra España, sino contra los malos gobernantes enviados desde la península, en especial tras la llegada de los Borbones. Los jesuitas mexicanos fueron expulsados en 1767, y el resentimiento creció al ver cómo virreyes corruptos saqueaban la riqueza del país. Esto no era una rebelión contra España, sino contra la mala administración y la opresión de los nuevos líderes.

    La historia que nos contaron está lejos de ser exacta. Hidalgo no gritó “¡Independencia!”, sino “¡Viva la Virgen de Guadalupe!” y “¡Muera el mal gobierno!”, un reclamo directo contra los malos administradores, no contra la corona española. La imagen de un Hidalgo revolucionario ha sido manipulada, y su legado, si bien importante, está manchado por crímenes y desórdenes que incluso él mismo lamentó antes de morir.

    En este mes de la patria, es necesario reflexionar sobre nuestra independencia con una mirada más crítica. No podemos continuar celebrando sin cuestionar lo que realmente ocurrió, y debemos honrar a quienes, como Iturbide, hicieron posible nuestra libertad, aunque su legado haya sido injustamente olvidado.

    Dos siglos después, con un territorio vasto y recursos naturales en abundancia, México aún enfrenta retos que parecen más propios de una nación que sigue buscando su identidad. La pobreza, la inseguridad y la corrupción persisten, y la sombra del autoritarismo parece acercarse peligrosamente. Hoy, la independencia que tanto valoramos está bajo amenaza, no por fuerzas extranjeras, sino por la erosión interna de nuestras instituciones y nuestra democracia.

    Este 16 de septiembre, más que festejar, debemos reflexionar. La libertad no es un hecho consumado, sino una conquista constante. Mientras haya vida, habrá esperanza, pero es esencial que permanezcamos unidos, vigilantes y dispuestos a defender los ideales de quienes realmente construyeron nuestra nación. La historia está viva, y nuestra independencia sigue siendo una tarea en construcción.

    México, como todo país, se encuentra atrapado en la maraña de sus mitos fundacionales. Celebramos con entusiasmo las efemérides, a menudo sin detenernos a cuestionar los detalles incómodos o las narrativas tergiversadas. Al examinar la historia con detenimiento, descubrimos que los héroes oficiales rara vez son los verdaderos artífices de los grandes cambios. Hidalgo, más símbolo que estratega, fue superado por las circunstancias que él mismo desató. Iturbide, en cambio, personifica la realidad de una independencia que, lejos de ser la epopeya popular que se nos cuenta, fue el resultado de negociaciones, alianzas y pragmatismo político.

    El México actual, plagado de contradicciones, nos obliga a cuestionar no solo el pasado, sino también nuestro presente. ¿De qué sirve la independencia si seguimos atados a los males que impulsaron aquella primera rebelión? La corrupción, la desigualdad y la violencia nos recuerdan que, a pesar de los siglos transcurridos, nuestras luchas aún están lejos de terminar. Solo al confrontar nuestras falsedades y corregir nuestros mitos podremos aspirar a un futuro verdaderamente libre. Porque, en última instancia, la libertad es un proceso continuo, una batalla diaria que trasciende las celebraciones y exige reflexión, crítica y acción.

    Gracias lectores, Quizás algunos tengan otros datos, excelente inicio de semana.

  • Políticos sin ética

    • La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una vez.” _Winston Churchill

    Por: Isidro Aguado Santacruz

    A lo largo de la historia de México, no siempre hemos visto en la política a individuos carentes de ética. En siglos pasados, hubo auténticos estadistas visionarios que marcaron el devenir del siglo XIX y buena parte del XX. En esos tiempos la ideología no solo tenía un lugar privilegiado en el debate político, sino que moldeaba las decisiones del Estado. Ni siquiera los golpes de Estado, frecuentes en esa época, lograron detener el avance de la consolidación de una República democrática. 

    De un escenario polarizado por la confrontación entre liberales y conservadores, la nación fue transitando hacia una vida pública más institucionalizada, dando paso al surgimiento de un sistema pluripartidista que, aunque imperfecto, marcó un nuevo rumbo en el entramado político del país.

    En aquel entonces, el idealismo prevalecía sobre el pragmatismo puro, y las pasiones ideológicas alimentaban los debates en el Congreso, las plazas y las calles. A pesar de las tensiones y las crisis, la estructura democrática del país fue solidificándose, y lo que en su momento fueron luchas intestinas por el poder, terminaron por dar forma a un México más institucional, en el que el sistema político comenzó a ofrecer espacios a diversas voces, promoviendo la creación de múltiples partidos. 

    Aunque el camino hacia la consolidación democrática estuvo lleno de obstáculos, es innegable que la política mexicana de esos tiempos fue escenario de profundas transformaciones, que sentaron las bases para el México moderno que conocemos hoy.

    En nuestra historia, siempre ha habido traidores, personajes que vendieron su nación, diputados oficialistas que traicionaron sus principios, y homicidios políticos con el objetivo de silenciar la disidencia. Sin embargo, estos casos, aunque impactantes, no fueron suficientes para reescribir el rumbo del país. No lograron el mismo impacto que los visionarios constituyentes de 1857 y 1917, quienes sí plasmaron su huella en la historia, ni como la resistencia valiente de quienes se opusieron al dictador, al usurpador del poder, al infame “Chacal” Huerta. Un ejemplo inmortal de esa lucha fue Belisario Domínguez, quien, a pesar de las amenazas, defendió la libertad a costa de su propia vida.

    Ahora, el siglo XXI nos muestra un panorama desolador: la extinción de la figura del verdadero político, del animal político descrito por Aristóteles. La escena política ya no está definida por ideologías ni por los grandes oradores, aquellos que hablaban en nombre del pueblo y defendían los intereses nacionales. Hoy, lo que predomina es una generación de políticos sin escrúpulos, serviles al mejor postor, traidores que no se comparan ni siquiera con Huerta, quien al menos anhelaba el poder con una visión de Estado. En lugar de liderar con integridad, estos personajes son parásitos del sistema, mercenarios que usan sus cargos como medio para acumular riquezas sin mérito alguno. 

    Parásitos del sistema, insaciables depredadores del tesoro público, que han renunciado por completo a cualquier indicio de ética o confianza. La corrupción en sus manos ha alcanzado tales niveles que estos llamados “dirigentes” no cuentan ni con las competencias básicas para desempeñar los cargos que ocupan. La política, una vez concebida como un noble acto de servicio a la sociedad, ha sido arrebatada por individuos cuyo único interés es llenarse los bolsillos, indiferentes al daño profundo que infligen a la nación entera.

    Lo que en tiempos pasados fue un espacio para la confrontación de ideas y la promoción de soluciones ha sido reemplazado por un espectáculo vacío, una lucha por el poder carente de sustancia, que traiciona los ideales por los que muchos mexicanos sacrificaron sus vidas, buscando construir un país más equitativo. La sociedad mexicana, que en otra época depositaba su esperanza en sus gobernantes, hoy los contempla con desilusión y desesperanza, viendo cómo se hunden en un abismo de deshonra y corrupción.

    Así se presentan ahora los llamados “servidores públicos,” esos legisladores que ya no representan a nadie más que a sus propios intereses. Traicionan sin miramientos a quienes los eligieron, utilizando los partidos políticos como simples plataformas de ascenso personal. Pero lo más trágico es que el premio que se disputan no es otro que la misma nación, convertida en el botín que saquean sin remordimiento.

    La reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles marcó un antes y un después en el panorama de la representación política en México. No solo permitió que las minorías, anteriormente silenciadas, tuvieran voz y participación, sino que abrió las puertas para que una oposición auténtica, con bases ideológicas y programas de acción concretos, se manifestara. Sin embargo, esta apertura también trajo consigo el nacimiento de asociaciones políticas que, en lugar de contribuir al diálogo democrático, se convirtieron en negocios familiares cuyo único objetivo era el acceso a recursos públicos. 

    Este fenómeno de corrupción y simulación no se limitó a unos pocos; se extendió como una mancha que contaminó a diversas fuerzas políticas, incluidas aquellas que se autodenominaban de izquierda, pero que en realidad no tenían convicciones firmes. Estos grupos, actuando como sectas, brincaban de un partido a otro, no por compartir una visión común de país o un proyecto ideológico sólido, sino movidos por el afán de obtener dinero, cargos públicos y posiciones en el Congreso. César Garizurieta Vega, con su célebre frase “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, describió de manera magistral esta perversa realidad.

    Los regímenes de partido único, especialmente aquellos que lograron consolidar al partido como gobierno, no tardaron en explotar estas debilidades para sus propios fines. Las corruptelas, lejos de ser erradicadas, fueron utilizadas como herramientas para comprar lealtades, en muchos casos de personas cuya ética ya estaba comprometida. Cuando el soborno no era suficiente, entraban en juego otros mecanismos: la manipulación del sistema de justicia, fiscales a la orden del poder, y jueces que, con expedientes preparados de antemano, se encargaban de intimidar o encarcelar a quienes osaban desafiar al régimen.

    Este modelo de control autoritario ha sido heredado y perfeccionado por la autodenominada Cuarta Transformación. Desde su origen, el ADN de este movimiento está impregnado de la lógica de gobiernos autoritarios. En su afán por instaurar una presidencia con tintes imperiales, la 4T ha decidido desmantelar la división de poderes. Con un Congreso dominado y sumiso, el siguiente paso es la neutralización del Poder Judicial, no necesariamente eliminando jueces y magistrados, sino orquestando la caída de los ministros de la Suprema Corte de Justicia, en lo que parece ser una vendetta personal disfrazada de transformación institucional.

    Los nuevos integrantes del Congreso, en su mayoría, carecen de convicciones profundas, tanto ideológicas como éticas. Han renunciado a su papel como legisladores para convertirse en simples instrumentos del poder presidencial. Su actuación en la aprobación apresurada de la Reforma Judicial fue un espectáculo de indignidad: la compra descarada de votos, la manipulación de la justicia para intimidar, y la falta total de escrúpulos por parte de los “representantes del pueblo”, quienes sin el menor pudor venden su voto al mejor postor. Son políticos que han perdido el sentido de responsabilidad y la vergüenza, contribuyendo a la desaparición de los partidos como verdaderas instituciones democráticas, y transformándolos en simples organizaciones de mercenarios cuyo único fin es perpetuarse en el poder.

    Lejos de ser promotores de una revolución de ideas o un despertar de conciencias, estos políticos actúan como marionetas, siguiendo sin cuestionamientos las órdenes de quienes los impusieron. La historia nos ha enseñado que, cuando figuras como Antonio López de Santa Anna finalmente dejan el poder, su séquito se disuelve. Al final, su esposa organizaba reuniones para hacerle creer que aún gobernaba, cuando en realidad sus antiguos colaboradores ya no asistían. Algo similar podría aplicarse hoy a aquellos que, aferrados al poder y al presupuesto, se niegan a soltar las riendas, causando un enorme daño al país.

    El presidente Salvador Allende, en su discurso en la ciudad de Guadalajara, sostuvo que “La Revolución no atraviesa las aulas universitarias, sino que es impulsada por los trabajadores y campesinos”. Tal afirmación podría contener una parte de verdad, sin embargo, constituye un error crucial por parte del gobierno y de los legisladores, que parecen estar cegados, no prestar atención a las voces de los jóvenes estudiantes de universidades, tanto públicas como privadas, quienes han expresado su firme rechazo a la reciente Reforma Judicial. Ellos, los estudiantes que en 1968 tomaron las calles para forzar la apertura democrática, hoy persiguen un objetivo igual de ambicioso: proteger la República y mantener la separación de poderes.

    Quizá el malestar social no fue suficiente para derrotar a la Cuarta Transformación (4T) en las últimas elecciones, pero lo que sí quedó claro es que, aunque los oficialistas pudieron asegurar sus victorias en las urnas, han perdido el control de las calles. La evidencia de ello está en la cobarde retirada de los senadores afines al régimen, quienes abandonaron el pleno de sesiones de la Cámara Alta, temerosos del clamor ciudadano. Ganaron los escaños, pero se quedaron sin el respaldo popular. Lo ocurrido en la tribuna no es un hecho menor, pues simboliza una fractura peligrosa en la legitimidad política.

    No es la primera vez que la historia nos recuerda que, ante la opresión, la rebeldía es legítima. Así lo sentenció Simón Bolívar, advirtiendo que “Cuando la tiranía se convierte en ley, la rebelión es un derecho inalienable”. Los jóvenes, que con valentía hoy marchan en defensa de la justicia, parecen haber entendido mejor que nadie esa lección.

    Para finalizar, la historia de México ha sido testigo de una evolución política que ha atravesado múltiples etapas de conflicto y transformación. Sin embargo, en el siglo XXI, el panorama actual está marcado por la presencia de “políticos desprovistos de ética” que han transformado la política en un espectáculo de corrupción y mercantilismo. Esta decadencia moral no solo traiciona los ideales por los cuales tantos han luchado, sino que también pone en riesgo los avances democráticos alcanzados con gran esfuerzo. Mientras el país enfrenta estos desafíos, la esperanza reside en la capacidad de los ciudadanos para exigir un liderazgo que regrese a los principios de integridad y servicio público que deberían ser la base de toda política digna. Buen fin de semana.

  • Entrega la fundación Susana Guakil 2 mil paquetes de útiles y 3 mil playeras polo a escolares de la zona este

    • Este fin de semana se recibió el apoyo de la Fundación “Pedro Castillo”, para beneficiar a infantes vulnerables

    TIJUANA.- La Fundación “Pedro Castillo” que lidera el dirigente de comerciantes Pedro Castillo, se unió a la fundación Susana Guakil que dirige el empresario y político David Saúl Guakil y este fin de semana aportó 1,500 paquetes escolares que fueron entregados en la zona este de la ciudad, con lo que se elevó a 2 mil los paquetes de útiles, más otros apoyos que se han entregado a niños de escasos recursos en el inicio de esta temporada escolar.

    El representante de Movimiento Ciudadano en el Distrito 14, Elvis Arce, indicó que estos paquetes de útiles escolares se suman a otros 500 que ya fueron entregados previamente, más 3 mil 500 camisetas tipo polo y la pinta de 3 bardas de escuelas, beneficiando a alumnos de instituciones educativas de colonias tales como Hacienda Las Delicias, La Morita, El Refugio, Cañadas del Florido, así como a otros asentamientos urbanos dentro de los Distritos Electorales 06 y 07.

    La donación de material escolar tiene un impacto positivo en la vida de muchos niños y niñas, estableció Arce, al indicar que a lo largo de todo el año siguen siendo igual de necesario para combatir la vulnerabilidad que sufre gran parte de la infancia tijuanense.

    La fundación Susana Guakil es una institución sin fines de lucro que dirige el empresario y además delegado nacional de Movimiento Ciudadano, David Saul Guakil y cuyo propósito es apoyar a mujeres y niños vulnerables, ayudándolos a superarse.

    Elvis Arce indicó finalmente que como representante de MC en el Distrito 14 que abarca una buen parte de la zona este de la ciudad, se seguirá trabajando, haciendo labor social en beneficio de la comunidad, bajando recursos de la fundación Susana Guakil y de otras organizaciones de apoyo a la comunidad.

  • Movimiento Naranja apoya a la niñez tijuanense; ha entregado más de 3,500 polos escolares

    • Representantes de MC en las zonas distritales han entregado el donativo que proviene de la Fundación Susana Guakil  

    TIJUANA.- En la comunidad de Hacienda Las Delicias 1, este sábado el representante de Movimiento Ciudadano en el Distrito XIV, Elvis Arce, entregó playeras tipo polo a escolares de esa zona, mismas que fueron donadas por la Fundación Susana Guakil que dirige el empresario y además delegado nacional de MC, David Saul Guakil.

    En las últimas semanas, la Fundación ha entregado más de 3 mil 500 polos a escolares de escasos recursos económicos en distintas áreas de la ciudad, en solidaridad con quien menos tienen durante el inicio del presente ciclo escolar.

    Durante la entrega de hoy en Delicias, Elvis Arce estuvo acompañado por Javier Guerrero, representante de MC en el Distrito XII, así como por Isidro Aguado Santacruz, representante de Movimiento Ciudadano en el Distrito Federal 8, que abarca a las dos zonas distritales locales.

     “Lo bueno se construye… en unidad, y seguimos fomentando ese principio con cada acción”, dijeron los representantes de movimiento naranja.

  • Regidores de MC serán oposición responsable, dice líder estatal

    *Entregan constancias a regidores naranja de los municipios de la entidades

    PLAYAS DE ROSARITO.- La dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, Bertha Alicia Sánchez Lara, afirmó que los 8 regidores más los diputados que se ganaron en la pasada elección, trabajarán a favor de la sociedad, al entregar constancias en la zona costa de la entidad.

    Sánchez Lara adelantó que ya se comenzaron a tender puentes de comunicación con los siete munícipes electos, para colaborar en todo lo que sea de beneficio para los ciudadanos, pero advirtió que serán críticos con las acciones que afecten.

    “Aunque esté trillada la frase, seremos una oposición responsable”, indicó, al señalar que no se traicionará la confianza de los más de 6 millones de electores que a nivel nacional votaron por la opción naranja.

    Acompañada del delegado nacional David Saúl Guakil y del secretario general Francisco Javier Hernández Tovalín, la coordinadora estatal de MC encabezó una serie de reuniones en Tijuana, Ensenada y Rosarito, para entregar constancias a los regidores.

    Los regidores de MC por Tijuana son Melissa Pacheco Silveyra y Jesús Javier Merino Cuevas; por Playas de Rosarito Joanna Eugenia Garay Machado y Alan Isai Bautista Plasencia.

    Este viernes se entregaron las constancias a Armando Díaz Hoeflich de Ensenada y  Jesús Martínez Romero, de San Quintín y en la siguiente semana se entregarán las constancias de los regidores electos de

    Mexicali, José Francisco Barraza Chiquete y San Felipe, Ibelda Tanairy Hernández Mayoral.

  • El golpe silencioso al Estado de Derecho

    “El poder judicial no es una mera extensión del poder ejecutivo o legislativo. Es el guardián de la Constitución, y su principal deber es protegerla contra cualquier violación.”

    -John Marshall

    Por Isidro Aguado Santacruz

    En un momento donde las instituciones fundamentales de nuestra democracia están bajo asedio, la Suprema Corte de Justicia se ha convertido en el epicentro de una confrontación sin precedentes. Las reformas impulsadas por el Ejecutivo han desatado un proceso que no solo afecta la estructura del Poder Judicial, sino que pone en tela de juicio los principios de independencia y balance de poderes que han sustentado a la República. A pesar de ello, aún hay voces que, con valentía y dignidad, resisten este embate, manteniendo viva la esperanza de que la justicia y la democracia prevalecerán.

    El fracaso o triunfo absoluto no existen. Nos encontramos en los momentos más críticos de una República que alguna vez disfrutó de un sistema de contrapesos, hoy devastado por falsos reformadores que, impulsados por el presidente más dañino en nuestra historia, han tomado el control con soberbia.

    En toda crisis surgen oportunidades, aunque ahora parecen escasas. ¿Cómo identificar al tirano que aparentemente se retira? Su rasgo más evidente es un odio visceral hacia quien piensa distinto, un afán por aplastar a las minorías, manipular la Constitución a su antojo para acorralar y amedrentar a quienes defienden las instituciones con valentía, despreciar a los ciudadanos que protestan, y destruir los sueños de miles de profesionales del derecho que sufrirán un cambio drástico, dominado por la ignorancia y la mediocridad.

    En tiempos de turbulencia política, no es sorprendente que muchos se inclinen por el camino de la conveniencia personal, buscando resguardarse bajo la sombra de aquellos que ostentan el poder, incluso si ello implica sacrificar los principios que alguna vez defendieron. Con un cálculo frío, algunos han optado por alinearse con quienes buscan destruir las instituciones democráticas, sin detenerse a pensar en la efímera recompensa que recibirán: las migajas de un botín corrupto.

    Estas lealtades cambiantes, construidas sobre una base de interés personal, han dejado en evidencia la fragilidad de su integridad.

    El panorama es sombrío cuando observamos que gran parte de las figuras clave en la estructura institucional del país han caído en esta trampa. Cuatro de los cinco magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral, ministros subordinados al Ejecutivo, medios de comunicación que han abandonado su misión informativa para convertirse en voceros del régimen, legisladores al mejor postor, empresarios que se benefician de su cercanía al poder, y ciudadanos que, a cambio de su silencio o complacencia, reciben dinero público. Todos ellos se han convertido en piezas fundamentales de un golpe silencioso a nuestra democracia, participando en la erosión de las libertades por las cuales tanto se ha luchado.

    Sin embargo, dentro de este escenario de descomposición institucional, emerge una chispa de esperanza. El lado más luminoso de los acontecimientos recientes lo encontramos en los jóvenes, quienes, con dignidad y valentía, han salido a las calles a enfrentar la autoridad abusiva. Sus acciones espontáneas nos recuerdan que, a pesar de la oscuridad, aún existe una generación dispuesta a luchar por lo justo. Estos estudiantes, con su coraje y determinación, nos dan motivos para creer que no todo está perdido.

    El inicio del fin de un Tribunal Constitucional que, durante las últimas tres décadas, había sido un faro de justicia autónoma, marca un punto de inflexión en la historia del país. Lo que está en juego ahora es mucho más que una lucha entre poderes: es la defensa de la democracia misma, que solo podrá salvarse si quienes aún creen en ella se levantan con la misma gallardía que los jóvenes que hoy inspiran a una nación.

    La aprobación de la reforma judicial impulsada por Andrés Manuel López Obrador marca un hito definitivo en la transformación de la carrera judicial, afectando a ministros, magistrados y jueces que durante décadas construyeron su trayectoria bajo un sistema de méritos y preparación. Sin embargo, no se trata de idealizar un sistema de impartición de justicia que, por mucho tiempo, arrastró pendientes que debían resolverse. Es innegable que hubo oportunidades desaprovechadas y que la propia institución judicial mostró insuficiencias que generaron abusos y falta de autocrítica, lo que permitió que la crítica externa fuera más feroz y efectiva. Los errores cometidos, tanto por acción como por omisión, fueron capitalizados para desprestigiar a un poder que, además de enfrentarse a las presiones externas, tuvo que lidiar con deslealtades internas de quienes, aprovechando el contexto, buscaron beneficio propio a costa del debilitamiento institucional.

    Aún queda tiempo para analizar con detenimiento los acontecimientos de los últimos meses y sus implicaciones. Lo que realmente debe ocuparnos en este momento es reflexionar sobre lo que se avecina: un nuevo orden judicial que, a pesar de las promesas de transformación, aún debe demostrar si realmente contribuirá a una justicia más equitativa y eficiente, o si se tratará, como tantas veces en la historia, de un ajuste más en el tablero político.

    La situación que atraviesa la Suprema Corte de Justicia es un ejemplo del grado de vulnerabilidad institucional que se ha alcanzado en México. La descripción de los empleados, desde los secretarios hasta los más humildes trabajadores, refleja la magnitud del desafío que enfrenta el Poder Judicial. No se trata únicamente de una confrontación política o de una embestida desde el Ejecutivo, sino de una crisis moral y ética dentro de la propia Corte. La valentía de quienes rechazan la reforma es un testimonio de que, aunque se intente cooptar el poder, existen resistencias que demuestran que el espíritu del Estado de derecho sigue vivo, aunque acosado por aquellos que buscan subordinarlo a intereses partidistas.

    Las traiciones y divisiones internas se hacen más visibles en cada acción de las 3 ministras allegadas a Lopez Obrador, Lenia Batres, Yasmín Esquivel y Loretta Ortíz, esta última una respetable académica de la Escuela Libre de Derecho, se ha rebajado al nivel de las dos antes mencionadas. En lugar de defender la independencia judicial, se alinean con las directrices del poder. Esto no solo erosiona la confianza pública en la impartición de justicia, sino que también compromete la estabilidad futura de la Corte, un órgano que ha sido baluarte de la defensa constitucional. La pérdida de especialización y la concentración de poder en un órgano mermado, con un número reducido de integrantes, es un retroceso que amenaza con hacer de la Corte un apéndice del Ejecutivo.

    El impacto de esta situación no se limita a los jueces actuales, sino que trasciende a las futuras generaciones de juristas que, habiendo apostado por una carrera en el servicio público, ahora ven cómo sus expectativas de crecimiento profesional se desvanecen en un ambiente enrarecido por la politización de la justicia. El relato del magistrado del primer circuito es un llamado a la reflexión profunda sobre las consecuencias de permitir que el aparato judicial sea desmantelado en nombre de una agenda política que favorece la obediencia ciega sobre la integridad y el respeto a la Constitución.

    Este desmantelamiento de la Corte y el control sobre los órganos judiciales es un golpe directo a la separación de poderes. La erosión institucional no solo afecta la justicia, sino que abre las puertas a una regresión autoritaria, en la que la discrecionalidad y el abuso de poder se normalizan. Sin embargo, la historia nos enseña que estos periodos de crisis son también momentos en los que pueden surgir nuevas formas de resistencia, de renovación y de lucha por la restauración de los valores democráticos.

    La batalla por la justicia en México está lejos de terminar, el golpe silencioso al Estado de derecho que hoy presenciamos no es solo una agresión hacia las instituciones judiciales, sino hacia el tejido democrático que hemos construido durante décadas. Aunque muchos se han sometido a las directrices del poder, hay quienes se mantienen firmes, defendiendo los valores constitucionales que deben guiar a una República. Es en la resistencia de esos pocos donde radica la esperanza de una futura restauración de la justicia. A pesar de los intentos por doblegar la autonomía del Poder Judicial, este golpe, aunque devastador, no será definitivo si quienes aún creen en el Estado de derecho continúan luchando con la misma convicción. Excelente fin de semana lectores.

  • Entregan constancias a regidores de MC

    Este día la dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, Bertha Aicia Sanchez Lara entregó las constancias a los regidores electos de Tijuana, Melissa Pacheco Silveyra y Jesús Javier Merinol.

    Este día la dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, Bertha Aicia Sanchez Lara entregó las constancias a los regidores electos de Tijuana, Melissa Pacheco Silveyra y Jesús Javier Merino

    Este día la dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, Bertha Aicia Sanchez Lara entregó las constancias a los regidores electos de Tijuana, Melissa Pacheco Silveyra y Jesús Javier Merino

    Este día la dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, Bertha Aicia Sanchez Lara entregó las constancias a los regidores electos de Tijuana, Melissa Pacheco Silveyra y Jesús Javier Merino

  • La calumnia en el juego político

    Por Isidro Aguado Santacruz

    “La calumnia es el refugio de los cobardes.” — Platón

    En la era de la información instantánea, el poder de las palabras se ha intensificado convirtiendo la comunicación en un campo de batalla donde la verdad y la mentira se entrelazan. La denominada “impunidad declarativa” permite que individuos lancen afirmaciones sin temor a las repercusiones, erosionando la confianza en el discurso público y en nuestras instituciones. Este fenómeno no solo socava la integridad del diálogo democrático, sino que también perpetúa un ciclo de desinformación y cinismo que afecta profundamente a la sociedad.

    Vivo en una nación que sufre, en múltiples ámbitos y contextos, lo que se ha descrito como “impunidad declarativa.” En esencia, cualquier individuo puede expresar lo que quiera, sin tener que rendir cuentas por sus palabras. Este fenómeno trasciende las fronteras del discurso político y social, y permea todos los niveles de interacción pública. La capacidad de hablar sin consecuencias genera un entorno en el que la verdad se diluye en un mar de opiniones no verificadas y a menudo engañosas.

    La impunidad declarativa no solo fomenta la irresponsabilidad en el discurso, sino que también mina la confianza pública en las instituciones y en el mismo tejido social. Cuando las promesas no se cumplen y las críticas se lanzan sin respaldo, el ciclo de desconfianza y cinismo se perpetúa. Las palabras, una vez liberadas de la necesidad de ser respaldadas con acciones, se convierten en herramientas de manipulación y propaganda más que en vehículos de diálogo constructivo.

    Los antiguos textos griegos, especialmente aquellos que tratan sobre la responsabilidad cívica, nos enseñan que cada persona involucrada en el discurso público debía responder por sus declaraciones. Esta obligación, en los casos más graves, podría implicar sanciones o incluso el exilio, si se comprobaba que se mentía o difamaba a otros ciudadanos.

    En el extenso y frecuentemente sombrío ámbito de la política, las estrategias para debilitar o aniquilar a un adversario son diversas y numerosas. Entre estas, sin duda, una de las más insidiosas es la difamación. El empleo de falsedades intencionadas para empañar la imagen de un rival político no es un fenómeno reciente; no obstante, su persistencia y eficacia han perdurado, refinándose de forma sorprendente a lo largo del tiempo. Desafortunadamente, siguen siendo instrumentos de gran poder en la política actual.

    Esta es entendida como una imputación falsa y con intención maligna para dañar la reputación de alguien, se convierte en un arma de doble filo en el escenario político. No solo perjudica a las víctimas directas, sino que también distorsiona la percepción pública sobre líderes políticos, sociales, académicos o de la sociedad civil. A su vez, debilita la confianza en las instituciones democráticas. Las calumnias son peligrosas porque se apoyan en la distorsión de la verdad y, en muchos casos, en la difusión de información o acusaciones completamente infundadas; una vez que se propagan, son difíciles de desmentir o corregir.

    En una época marcada por la omnipresencia de las redes sociales y la comunicación al instante, la propagación de rumores y falsedades ha experimentado un crecimiento exponencial. La rapidez con la que se diseminan las noticias, sean estas verídicas o engañosas, sin corroboración o carentes de fundamento, implica que una difamación puede tener un efecto casi inmediato, arruinando trayectorias y reputaciones antes de que la verdad tenga oportunidad de surgir.

    Cabe destacar que el uso de la calumnias en el ámbito político no es fortuito; se trata de una táctica meticulosamente calculada. Aquellos que adoptan esta estrategia buscan aprovechar los prejuicios y temores presentes, retratando a sus adversarios, por ejemplo, como corruptos, ineptos, violentos o peligrosos. Al hacerlo, no solo desvían la atención de sus propias falencias o situación deteriorada, sino que también fomentan la división en la sociedad o entre públicos específicos, creando facciones y avivando la animosidad.

    Este planteamiento estratégico se ve fortalecido por la presencia de ecosistemas mediáticos que, con frecuencia, amplifican las difamaciones en vez de cuestionarlas a partir de un análisis crítico o, simplemente, del sentido común. En la frenética carrera por captar audiencia y relevancia, tanto los medios de comunicación como las redes sociales pueden transformarse, a veces de manera involuntaria, en canales de desinformación, especialmente si no cumplen con rigurosos estándares de verificación de hechos y altos principios éticos. La difusión de una falsedad, intensificada por algoritmos de redes sociales que priorizan contenidos sensacionalistas, puede rápidamente opacar la verdad.

    Permítanme destacar dos aspectos clave:

    Primero, la integridad del proceso democrático se ve comprometido. Una democracia robusta necesita debate y desacuerdo, así como disenso, pero también requiere de un diálogo respetuoso. Este diálogo debe fundamentarse en hechos y argumentos sólidos, no en ataques personales infundados. La política basada en la difamación deteriora la calidad del debate público y lo convierte en un espectáculo degradante.

    En segundo lugar, la calumnia perjudica la confianza del público en las instituciones políticas y en los líderes, quienes han construido su reputación a lo largo de años o incluso décadas de dedicación y esfuerzo. Cuando la ciudadanía percibe que algunos o la mayoría de sus líderes están más enfocados en destruir a sus adversarios que en servir al bien común, la confianza en el sistema se ve comprometida. Este fenómeno puede fomentar el cinismo y la apatía política, llevando a los ciudadanos a desentenderse de los procesos democráticos, convencidos de que todos los actores públicos son igualmente corruptos o deshonestos.

    La calumnia conlleva un costo humano profundo y tangible. Las personas que enfrentan estas acusaciones infundadas experimentan perjuicios personales y profesionales que a menudo son irreparables. El sufrimiento emocional y los efectos sobre sus familias y trayectorias laborales suelen ser devastadores. Además, el daño a la reputación, aunque se demuestre la falsedad de las acusaciones, puede tener efectos duraderos.

    Enfrentar la calumnia en el juego político demanda un esfuerzo coordinado tanto de los medios de comunicación como del público en general. Los medios deben asumir la responsabilidad de verificar la información y evitar la propagación de datos falsos, manteniéndose fieles a la verdad y resistiendo la tentación de difundir rumores infundados. Por su parte, el público debe cultivar un escepticismo saludable y estar consciente de los sesgos presentes en sus fuentes de información.

    La lucha contra la calumnia en el juego político es, en última instancia, una batalla por la integridad y la confianza en nuestras instituciones democráticas. Solo mediante un compromiso renovado con la verdad y la responsabilidad podremos restaurar la credibilidad en el debate público y en los procesos democráticos esenciales. Así, enfrentaremos eficazmente la calumnia, restableciendo la fe en la comunicación política y asegurando que el diálogo público se mantenga en el camino de la honestidad y la transparencia, excelente fin de semana lectores.

  • Elige MC a sus coordinadores de bancada en el Senado, la Cámara de Diputados y el Congreso Local

    *”Haremos lo correcto”, dice Dante; “seremos vigilantes del trabajo de Sehinbaum”, afirma la dirigente estatal; “apoyaremos lo que beneficie a México, señalaremos lo que esté mal” 

    MEXICALI, B. C., 30 de Agosto de 2024.- Este miércoles 28 de agosto, en la Ciudad de México, se celebró la Coordinadora Ciudadana Nacional de Movimiento Ciudadano, a la cual asistió la dirigente estatal de Baja California, Bertha Alicia Sánchez Lara, en atención a la convocatoria del coordinador nacional, senador Dante Delgado.

    En dicho acto partidista se designaron a Clemente Castañeda Hoeflich y a la ex gobernadora Ivonne Ortega Pacheco, como coordinadores de las Bancadas Naranjas en el Senado de la República y la Cámara de Diputados, respectivamente, así como a la diputada Daylín García Ruvalcaba como coordinadora parlamentaria en Baja California.

    En la Coordinadora Ciudadana Nacional se contó con la presencia del gobernador electo de Jalisco, Pablo Lemus, y de la alcaldesa electa de Guadalajara, Verónica Delgadillo, así como del ex candidato a la presidencia de la República, Jorge Álvarez Máynez.

    En su mensaje, el dirigente nacional del partido naranja, Dante Delgado, enfatizó que en Movimiento Ciudadano “haremos lo correcto, como siempre lo hemos hecho, defenderemos el voto de las y los mexicanos, ya que es su legitima expresión en las urnas; nosotros estamos defendiendo el derecho de seis millones y medio de ciudadanas y ciudadanos que tomaron la decisión de respaldar la opción electoral que representa MC frente a la vieja política”

    Por ello, el también senador adelantó que impulsará una defensa del voto de los ciudadanos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Basta ya de simulación y engaño, basta ya de que el régimen corrupto continúe en este país”, esto a fin de hacer valer el voto de 6.5 millones de mexicanos y que puedan contar con los representantes correspondientes en el Senado y en el Congreso de la Unión, ya que aclaró que “cada senador de Movimiento Ciudadano vale un millón 300 mil votos, y cada senador de Morena vale 400 mil votos”.

    Por su parte la dirigente estatal, Bertha Sánchez Lara, dijo que en Baja California Movimiento Ciudadano “estará muy atento al trabajo legislativo de nuestro diputado federal, Gustavo de Hoyos, de nuestra diputada local, Daylín García, así como de las y los regidores en los municipios”, a fin de seguir con la agenda política del partido naranja.

    Finalmente, sobre la ya muy cercana toma de protesta de la nueva Presidenta Constitucional, se cuestionó a la dirigente naranja cómo esperan este proceso, y refirió que “con el arribo de la primera mujer presidenta hay una expectativa de un gobierno sensible y menos opacó que el anterior, del cual estaremos atentos y seremos vigilantes de su desempeño gubernamental; no tengan dudas en que Movimiento Ciudadano coadyuvará en lo que beneficie a la sociedad, pero también estaremos listos para señalar lo que no se haga de manera correcta”.

    A la Coordinadora Ciudadana Nacional asistieron también el delegado nacional, David Saul Guakil; el presidente del Consejo Estatal, Alcibíades García Lizardi; y el secretario general y de acuerdos en el estado, Javier Hernández Tovalín.

  • SON MUJERES QUIENES LIDERAN LAS COLONIAS EN TIJUANA: JÓVENES LÍDERES, A.C.

    • Tras recorrer unas 50 colonias de la ciudad para organizar a la gente para ofrecer un programa de rescate de valores, se detectpó que son las mujeres “las que dan la cara”, en su mayoría

    TIJUANA.- (24 de Marzo/22) Las mujeres son en su mayoría quienes, en Tijuana, fungen como líderes de colonias, organizan a la comunidad, procuran mejorías en los centros comunitarios y cuidan los parques, aseguró Manuel Alejandro Flores Pérez, apoderado legal de la Asociación Civil Líderes Jóvenes.

    Al respecto indicó que esa estadística se obtuvo tras recorrer 50 colonias de esta frontera, con el fin de implementar un programa social de prevención de la violencia y la delincuencia para jóvenes adolescentes.

    Detalló que del área de la colonia Buenos Aires y sobre el bulevar Cucapáh, existe una conexión entre las líderes de estas comunidades, que participan para mejorar sus colonias y atender a la comunidad joven.

    Agregó que las colonias visitadas son las más necesitadas en cuestión de seguridad, por lo que se pretende hacerles llegar programas enfocados en ese rubro, basados en el sistema D.A.R.E., iniciando el próximo mes de abril.